Soneto Si en el amado pecho más constante teme el olvido el amador ausente, porque en la ausencia el tiempo no consiente memoria o voluntad perseverante, yo, que en presencia (miserable amante) no fui correspondido, y al presente mi ausencia Filis no recela o siente, ¿qué olvido espero a su rigor bastante? Esta imaginación al alma asida mil muertes puede darme; y yo, con ella, ser puedo a mis tormentos homicida. Mas como agradan a su causa bella tanto mis males, me reserva en vida: que es mayor mal que lo será el perdella.