Soneto Dame el peñasco, Sísifo cansado, y tú, infelice Tántalo, tu pena; dame, Prometeo, el águila y cadena, herido el pecho, y al Caúcaso atado. Dame, Ixión, la rueda en que, amarrado, a eterno giro el cielo te condena, y llevad todos la miseria ajena de un corazón en celos abrasado. Aliviaréis el peso a mi tormento, mientras al trueco y desigual porfía fuere vuestra paciencia poderosa. Y cuando a alguno falte el sufrimiento, no juzgará después tan rigurosa la pena suya, experto de la mía.