Epitafio a las ruinas de Roma El nombre ausonio, que, ligera y suelta, la fama un tiempo resonó, y el culto templo tarpeyo, a quien el indio oculto rindió tesoros, y el iberio celta, aquí difunto yace. Aquí, resuelta la piedra en polvo y el antiguo vulto, nos muestra Roma su sepulcro inculto, en las cenizas de sí misma envuelta. Fue rara Fénix, que su cuerpo mismo quiso abrasar en encendidas guerras, porque su vida renovase el vuelo. Y si un tiempo rigió las anchas tierras, hoy estiende desde ellas al abismo su sacro imperio, y al empíreo cielo.