- XXXII - Esta causa a su efecto tan ingrata produce un nuevo modo de tormento, de cuya queja nace el sentimiento que ni vivo me deja ni me mata. Y la prisión que mis sentidos ata no admite ley, ni teme al escarmiento, dejándose llevar de un pensamiento que de mi que le tengo se recata. El discurso previene inadvertido la muerte a que yo mismo me sentencio, hallándome quejoso y obligado. Y de estos dos extremos perseguido, ni el mérito me vale del silencio, ni a descubrir me atrevo mi cuidado.