- CXXX - Ya en sumida región las alas queme y el suelo las acoja por de cera, un firme corazón aun no se altera, viendo la misma ruina que le preme. Y cuando el tiempo en su desdén de extreme, valor es el que intrépido tolera, y el ardimiento del que nada espera, la desesperación del que no teme. Yo, pues, entre costosos desengaños, más me quiero ahogar que el falso aliento que tuve de mentidas confianzas. Si a luz nueva, logrando nuevos daños, a mi noticia restituye el viento torres que en él fundaron esperanzas.