- CLIII - A la casa de una cortesana donde entró a vivir un pretendiente Aquí vivió la Chenca, aquella joya por las hechuras cara; este aposento fue túmulo del sexto mandamiento y galera en que Amor fue buena boya. ¡Viva Dios que esta sala que le apoya centellas de lujuria arroja al viento! Esta trampa inventó su atrevimiento para jugar al hombre con tramoya. Desde aquella ventana, la insolencia de sus cabellos afrentó al oriente, y en ésta fue su vista una estocada. Mas, ¡oh cruel, a entrambos penitencia! hoy la casa es albergue a un pretendiente, y la célebre Chenca está casada.