- XIII - Al Rey Nuestro Señor recién nacido Crece, oh pimpollo tierno, entre leales, hesperios troncos, crece alimentado, no del valor paterno ya heredado, sino del propio, eterno entre mortales. Sus armas te administren ya fatales, uno y otro planeta desarmado, cuya virtud te admirará bañado en sudor de fatigas inmortales. Digna corona sea de tus sienes el yelmo de las plumas guarnecido, con que levanta más la fama el vuelo, que en duplicado honor ya le previenes glorias al tiempo, afrentas al olvido, a la virtud asilo, aras al cielo.