- LXII - Después de haber pasado mil contrastes del tiempo, del amor, de la fortuna; despedido esperanzas una a una, roto los lazos que en secreto armastes; después que vos y el mundo me avisastes de cuanta vanidad cubre la luna; cuando ya la ambición no me importuna, ni aquel nudo me aprieta, que aflojastes; después de haber gozado largos años de un reposo imperfecto, porque el miedo de este peligro siempre me ha seguido; la libertad rendí a muchos engaños: crucé los brazos a aquel gran denuedo, tan desacostumbrado a ser vencido.