- LXIII - Esta imaginación que sólo estriba en cerrar a mi bien siempre la puerta, un forzoso imposible en mí concierta, hallando gusto en pena tan esquiva. Como no deja causa tan altiva vislumbre de descanso, ni aun incierta quedó tan lejos la esperanza muerta, que aun no me acuerdo que llegase viva. Mi esperanza murió sin haber sido, por no ofender la fe que desterrada la dejó por razón y por ventura. Murió en idea sin haber nacido, y en las razones a que fue entregada vive la fe, señora, más segura.