- LXVII - Mil veces afrentado en esta vida, quisiera ya romper sus duros lazos; pero pónenme estorbos y embarazos la ley que guardo, sólo a vos debida. Hubiera mi paciencia inadvertida las cadenas de amor hecho pedazos, mas la culpa y dolor, que andan a brazos, a mi sólo razón dejan vencida. Así queda la duda declarada y el corazón, señora, condenado a que espere de vos lo que más sienta. Ríndese la razón desconfiada, porque sufrir la vida en tal estado no solamente es daño, sino afrenta.