- CXV - Dos veces de Favonio el blando aliento dejó estas plantas en su honor logradas, y aquí otras dos veces despojadas a la tierra entregaron su ornamento, después que, idolatrado mi tormento, sigo, Amor, esperanzas engañadas, primero desmentidas que formadas en la ilusión de un ciego pensamiento. ¿Qué espera la razón, cómo no advierte sentidos sordos ya con voces mudas, de oráculos que avisa desengaños? Al que contra sí mismo sólo fuerte escrúpulos absuelve, vence dudas, en la fe porfiado de sus daños.