- XXXV - Después que puse al pie dura cadena, después que puse al cuello indigno yugo, besé el cuchillo y adoré el verdugo que a muerte y a paciencia me condena, en esta oscuridad, en esta pena, ciego así porque a ciegas deidad plugo, ni descanso yo más, ni el llanto enjugo, ni llego a percibir aura serena. Antes parece que el rigor violento de astros se declaró, sino ofendidos, de sus efectos mismos indignados. Que les parezca venenoso aliento para martirizar a mis sentidos el disponer precioso de los hados.