- CLXX - Miro el inquieto mar, como el piloto que corriendo fortuna en golfo incierto a pesar de las ondas, toma puerto, debido a los efectos de su voto. Y cuelgo las reliquias que devoto saqué a luz del engaño descubierto, y vivo a conocer, a esperar muerto, suelto el timón de la paciencia roto. Porque luchar con la paciencia en vano otro aliento requiere y otros brazos de más válida fuerza que los míos. No me tuvo al caer piadosa mano, y la engañada fe quedó en los lazos de costosos agravios y desvíos.