- XLI - Tarde es, Amor, ya tarde y peligroso para emprender ahora que mis quejas hallen justa piedad en las orejas que concluyó el desdén más riguroso. Porque a tantos avisos no es forzoso idolatrar los hierros de unas rejas, ni juntar así nueva a penas viejas permite el tiempo a un ánimo dudoso. Tus cadenas, Amor, tus hierros duros mejor ya en mí parecen forcejados que peligrosamente obedecidos; bienes dudosos, males son seguros, y los desdenes más solicitados avisos con escrúpulo admitidos.