- LXVIII - Estos hijos de amor mal conocidos, en acechar su mal sólo ocupados, son una quintaesencia de cuidados, más desvelados cuanto más dormidos. Mueven guerra a la fe y a los sentidos, abrasan, y temiendo, están helados, y son ajenos bienes que, soñados, quedan en propios males convertidos. No tiene ser, y danle a su tormento peligrosa fuerza violentada, y sólo de los daños son testigos. Tienen por ley la de mudar intento, y con una sospecha idolatrada, son aconsejadores enemigos.