- LXIV - Es muerta la esperanza a quien ausente vive de su dolor atormentado, pues vive con extremo enajenado, y el alma martiriza juntamente. Tal vez le enseña a amar su bien presente, para pena mayor de su cuidado, tal vez de fantasías rodeado, morir se mira y abrasarse siente. Luego del bien le ciñen sus dolores, para llegar a amar merecimientos a quien el alma suya está rendida. Pues vive sólo en fe de sus amores, y si vive es muriendo en pensamientos, puesto que sin morir no venga vida.