- CXXII - La lira cuya dulce fantasía hizo en Delfos honor al rayo puro del que hurtándole al tiempo lo futuro eternizó su métrica armonía, debiera, ninfa bella, ser la mía porque contra el rigor del tiempo duro de vuestro nombre el esplendor seguro sin ocaso lograse feliz día. Pero de ronca voz quejoso acento, ¿cómo podrá cantar, si a viva llama no ayudare de Amor fuerza ni aliento? Tal que mi pecho ascienda donde inflama más sublime región, noble ardimiento, el clarín usurpando de la fama.