- LXXXVI - A la casa de Nuestra Señora de Loreto No colosos, ni pompas de romanos son de mi admiración el argumento, mas la casa en que tuvo fundamento la vida y redención de los humanos. Huyan lejos de aquí pechos profanos, ángeles sólo, en soberano acento, den al mismo sujeto el pensamiento a quien dieron las alas y las manos. En las almas se estampe la memoria del celestial traslado misterioso que dio a Italia renombre soberano. Y a la humildad triunfante y a su gloria devoto ofrezca el corazón cristiano verdadero dolor, llanto piadoso.