- CXCIV - Al mismo ¡Oh, ya de polo austral fecundo Atlante, en cuyos hombros hoy el peso estriba de caridad no muerta y de fe viva, Argos de nuestra fe, pastor celante! Cual a tu celo fue clima distante, sol, pues, de luz, que eterna luz derriba, dé mil al Indo plumas que la escriba y trompas mil al Ganges que la cante. Cuantas ya vieron ondas sus orillas tantos por el diáfano elemento querúbicos te aclamen plectros de oro; sus altas plumas, altas maravillas de feliz conduciendo vencimiento al triunfo excelso de su excelso coro.