- XXVI - Vuelvo, y no como esclavo fugitivo que teme de su dueño el rostro airado, mas como buen vasallo despechado que tiene fe segura en pecho altivo. Y aunque descubro el sentimiento, vivo de un dolor no creído o no aliviado; confieso que a mis daños obligado, en sujeción gloriosa estoy cautivo. Mas no consiente Amor que mi tormento tenga fin, ni principio, ni esperanza, que aún del mal que padezco está envidioso. Tal es la causa y tal el pensamiento, que puestos gloria y pena en su balanza está el peso del bien y el mal dudoso.