- LXXII - Amor, Amor, tu ley seguí inconstante perdida la razón, perdido el tino, y el efecto cruel de mi destino no quiere que me queje ni me espante. Y así, para pasar más adelante, faltan a mí tus fuerzas y camino, y el porfiar siguiendo un desatino será ser loco, pero no constante. No me vendas tan caros tus trofeos, que ya de escarmentado, mi fortuna esta parte reserva de tu mano, no dejando los íntimos deseos rendidos a la cólera importuna que su fuerza y poder resiste en vano.