- LXXXIII - El soberbio africano que oprimida a Italia tuvo el tercer lustro entero, hartó de sangre su sediento acero, del Capitolio en deshonor vertida. Dígalo en Canas tanta esclarecida, frustrada audacia, y díganlo primero Trebias y Trasimeno, cuyo fiero tributo espuma en sangre fue teñida. Mas este mismo pecho a quien no pudo resistir el valor del pueblo osado, decoro militar, genio de Marte, rinde en campaña armado el dios desnudo; que al violento arpón del ciego alado cede la fuerza y no aprovecha el arte.