- LVI - La llama recatada que encubierta la tuvo justo miedo de advertida vuelva ahora de afectos impelida al sol que la fomenta descubierta. Amor es quien la sopla y quien despierta mi antigua pena, al parecer dormida, amor que alarga a mi deseo la vida, y no da vida a mi esperanza muerta. Yo estoy muriendo en medio de este fuego, en esperar, y no en sufrir cobarde, penas de olvido, olvido de mi muerte. Mas no dejo de ver estando ciego que no hay remedio, o bien que ya no tarde, ni mal que contra mí no se concierte.