- CLXVI - Hágame el tiempo cuanto mal quisiere y nunca de mis daños se contente, que no me he de perder inútilmente por lo que sin propósito dijere. Gobierne bien o mal el que tuviere a su cargo las leyes de la gente, que a mí, y a mi censor impretendiente, no hay mudanza de estado que me altere. Lleve mi confianza por el suelo sus alas, pues parece que no acierta el que se atreve a peligroso vuelo; quede mi queja y esperanza muerta, pues vemos que la envidia más que el celo a la murmuración abrió la puerta.