- CXXXI - A una dama que tañía y cantaba A regulados números su acento reduce esta sirena, cuando con las pulsadas cuerdas está dando al arpa voz, al alma sentimiento. Arco hace el amor de su instrumento, y soberbio arpón de un mirar blando, sol que, rayos de fuego articulando, desvelo da al cuidado, sueño al viento. Recuerde, pues, Amor, en la dormida aura, y sus plumas incesables bata al son de esta dulcísima armonía; numerosas exequias de mi vida serán si la piedad no lo dilata, flechas con yerba de su melodía.