- CLXII - Fortuna me condujo peregrino de un mar en otro mar siempre alterado, hasta ver de sus iras adulado el solo efectos de estos tiempos dino. Hoy con más escarmiento y mejor tino, al de esta soledad puerto he votado, errante, aunque confuso, mas no errado, el progreso y el fin de mi camino. Aquí me niego al tiempo y no me alcanza voz que con falsos ecos interprete el odio contra mí de su venganza. Donde, si bien perdido, aquí aquiete sólo en seguir de lejos la esperanza que todo lo que vemos nos promete.