- CXXXIV - A la muerte de un niño Este pimpollo tierno y generoso, que se mostraba ya fresco y lucido, del patrio y fértil tronco dividido, cayó en el seno del común reposo. Mas transpuesto en terrenos más dichoso, renueva flor y fruto enriquecido; no teme la inclemencia, ni el bramido del seco invierno y austro tempestuoso. Que en el eterno reino sin mudanza luce otro sol más puro, y otro cielo que en las plantas influye eterna vida. ¿Quién, pues, con tan segura confianza, oso soltar la rienda al desconsuelo, viendo en verde sazón gloria florida?