- LXVI - Estos mis imposibles adorados, con ser por imposibles conocidos, tienen tan encantados mis sentidos, que están de mis desdichas olvidados. No porque ya no están asegurados y en la fe que mantienen presumidos, mas porque bienes nunca merecidos quedan en presunción como gozados; y así la fe que en tu razón espera sufrir y padecer cuanto viniere del peligroso estado de mi suerte, hará que viva amor aunque yo muera y vos iréis adonde el alma fuere, que esto no me podrá quitar la muerte.