- XXV - Ando tan altamente que no alcanza al sujeto la vista, sólo verse puede por fe, y por fe comprenderse aquella excelsa luz sin semejanza. Ni un átomo de sombra de esperanza a mi suerte jamás puede atreverse, antes llegó mi amor a prometerse en vivo fuego bienaventuranza. Que sólo lo inmortal respeta y ama, nunca por lo posible se enajena, como no aspira a causa transitoria; antes, si en la pureza de la llama es la gloria lo acerbo de la pena, no ha de poder faltarme en pena gloria.