- LXXVI - Divina ausente, en forma fugitiva para desigualdad de nuestra suerte, pues tú en el sumo Sol vas a ponerte, yo quedo en soledad de luz altiva; por declarar que en esa sombra esquiva, quien en polvo y ceniza se convierte, contra las mismas fuerzas de la muerte queda por fama eternamente viva. Así llega este trueque a ser ganancia de trabajosa y miserable vida, por dos siempre seguras, inmortales. Sólo quejoso Amor de la distancia, ya de aquel sol es sombra perseguida con noche eterna y con eternos males.