- CLXIII - Después que me persigue la violencia de fortuna cruel, de injusto hado, vivo en parte mejor desobligado de la prolija ley de la paciencia. Será comodidad, si no prudencia, un libre proceder desengañado, porque el bien que le queda a un condenado es esperar segunda vez sentencia. Tal vez acierta más el desatino que la templanza, a preservar la muerte del que afligido su pasión tolera. Pues si el despertar sólo es camino de limitar injurias de la suerte, ¿qué tiene que temer el que no espera?