- XXXIII - Después, Amor, que mis cansados años dieron materia a lástima y a risa, cuando debiera ser cosa precisa el costoso escarmiento en tus engaños; y de los verdaderos desengaños el padre volador también me avisa, que aunque todo lo muda tan aprisa, su costumbre común niega a mis daños; cuando ya las razones y el instinto pudieran de mi mismo defenderme, y con causa fundada en escarmiento; en otro peligroso laberinto me pone Amor, y ayudan a perderme memoria, voluntad y entendimiento.