- CC - A la muerte del Conde de Coruña Cuando hierve cual mal la adolescencia en ondas de peligros y de engaños, golpe de arrebatados desengaños hizo efecto mayor de su violencia. Sólo aquella sublime providencia sabe en un punto restaurar los daños, de la omisión y olvido de mil años, en un acto interior de penitencia. Digno auxilio, Señor, porque la culpa nunca fue tal, ni el término tan breve que su misericordia no le alcance. Supla, pues, la piedad a la disculpa donde no hay fin seguro, ni honor leve. ¡Oh ciega obstinación! ¡Oh duro trance!