- V - Dardanio con el cuento del cayado el nombre y la figura deshacía de una hermosa ninfa que él había en mil cortezas de árboles pintado. Y con un triste gesto, y demudado, con un ay que del alma le salía «¡Ay traidora Maranta!» le decía «en quien puse mi seso y mi cuidado.» Si pudiese del alma tu retrato quitar, cual de estos árboles lo quito, no harías tú mi vida ser tan corta. Mas hay cuan por demás triste me mato que lo que está en el corazón escrito borrarlo en la corteza poco importa.