- IX - Mejor, vacas, iréis sin mi gobierno, paced, seguid, corred vuestro antojos que yo no os llevaré por los abrojos por aguas turbias de perpetuo invierno. En villa rechapado, manso y tierno estando libre fuera de cardojos, hiriéronme malgrado los mis ojos, pues yo los heriré de llanto eterno. ¡O toros muy amados, o novillos, huid de mí que estoy amodorrido, herido del amor, suspenso, ciego! Vosotros os guardáis como agudillos, que mal os guardará un pastor perdido sin seso, sin amparo, sin sosiego.