- XIV - Pintor que una beldad tan sublimada, con tanta perfección nos retrataste, di como tú en mirarla no cegaste, del modo que yo en verla retratada. Si tu pintura muda y desalmada ni hay corazón que enternecer no baste, viendo el original cómo acertaste guiar pincel y mano tan turbada. Si los ojos alzaste a contemplarla, como tuviste fuerza de bajarlos y no quedó tu vista allí prendida. Y si los abajaste por pintarla, cómo otra vez pudiste levantarlos no estando asegurado de la vida.