- XXIII - Heridiana, pastora, linda amada de Ibero un pastor que la doraba riberas del Rezín se paseaba de su querido amigo acompañada. Paróse de que estuvo algo cansada y en agua cristalina se miraba, temiendo Ibero que presente estaba que de sí no quedase enamorada. Cubrióle de presto entrambos ojos, y mil veces besándola decía: «Heridiana de hoy más ten este aviso si quieres que vivamos sin antojos, de los ríos y fuentes te desvía, no te acontezca a ti lo que a Narciso.