- XXIV - Filis pues la ocasión de venerarte no puede ser mayor, aunque me impida la enfermedad el ilustrar la vida con ir a verte, sóbrame el amarte. La dicha de ser visto y de adorarte, gloria que debe ser tan pretendida, por excesivo honor fuera homicida, sino me reparara el contemplarte. Reza y con razón favorecido, grande bien, más que excede a mi flaqueza que dice tu milagro con decoro. Si en amar es más fuerte el más rendido, defecto fuera en mí la fortaleza, que para más deberte, más te adoro.