- IV - Habla un amante a un ciego Ciego a quien faltan ojos y no llanto, envidio en tus tinieblas tu sosiego, estímote feliz viéndote ciego y de tus ciegas lágrimas me espanto; ¡oh si valiesen, si valiesen tanto estos incendios en que yo me anego, pues nacen llamas si cenizas riego, que incendios con mis lágrimas levanto; con pensión de la vida te fue dada el alma, y a mi vista aborrecida con pensión de que viva me es dejada; tu ceguedad con la razón medida ya que no sin dolor, queda aliviada, ¡ay del que está con ojos y con vida!