- LV - A lo mismo El que de ardiente ceguedad regido en alas de su llama apresurado iba a ser sacrificio de su agrado muy de la parte estaba de su olvido. Como del incendioso arpón herido de sí desconocido en su cuidado reconociese en un cristal helado y a su vergüenza espejo fue advertido. Vio la azucena presidiendo al hielo por casta de sí misma coronada nevando el aire de fragancia preso. Honestose a su luz, o luz del cielo que con hielo encendiste el alma helada y helaste con ardor la llama impresa.