- XXI - En el próspero tiempo las serenas plañen e lloran, recelando el mal; en el adverso ledas cantinelas cantan, e atienden al buen temporal; mas, ¿qué será de mí que las mis penas, cuitas, trabajos e largor mortal jamás alternan ni son punto ajenas, sea destino o curso fatal? Mas emprentadas el ánimo mío las tiene, como piedra la figura, fixas, estables, sin algún reposo. El cuerdo acuerda, mas non el sandío; la muerte veo, e non me do cura: ¡tal es la llaga del dardo amoroso!