- XXXIX - Anima devota, que en el signo e santo nombre estás contenplando, e los sus rayos con viso aquilino solares miras fixo, non vagando, serás perfecto e discípulo digno del pobre seráphico; guardando el orden suyo ganaste el devino lugar eterno, do vivís triunfando. Ningunas dignidades corrompieron el fuerte muro de tu santidad; sábenlo Siena, Ferrara e Orbino. Nin las sus ricas mitras conmovieron las tus ynopias, nin tu pobredad; por mí te ruego ruegues, Bernaldino.