- XXIX - A la virtud que alcanza lo dificultoso Este cetro que ves, ¡oh pecho ardiente!, por oro o majestad, de roble ha sido piel; este imperio un tiempo lo ha vestido, que apenas viste ya el dorado Oriente. Roble o cero duro, aquesta gente cargó el hombro, que ultraja, ya en bruñido acero el claro sol recién nacido, sombrero tosco la dorada frente. Virtud, osar, valor, los ha encumbrado a que beses su planta, blanca luna: que fue de su virtud hija su suerte. Hijos de un monte fueron, fue su cuna. Mídete en ellos, pecho, pues te han dado espejo en sí, y róbate a la muerte.