- III - ¡Con qué ligeros pasos vas corriendo! ¡oh cómo te me ausentas, tiempo vano! ¡ay, de mi bien, y de mi ser tirano! ¿cómo tu altivo brazo voy siguiendo? Detenerte pensé, pasaste huyendo, te seguí, y ausentástete liviano, te gasté a ti en buscarte, ¡oh, inhumano! Mientras más te busque, te fui perdiendo. Ya conozco tu furia, ya humillado, de tu guadaña pueblo los despojos; ¡oh, amargo desengaño no admitido! Ciego viví, y al fin, desengañado, hecho Argos de mi mal, con tristes ojos, huir te veo, y véote perdido.