- XLI - A la muerte de un hombre docto Respeta, ¡oh presto pie!, la sacra losa. La causa a tu aguardar (¡si la escuchares!) estas letras dirán, que vuelven mares mil ojos: ¡ten la planta presurosa! Bien que leve, la tierra en que reposa blandamente durmiendo en los altares que ves (y es bien su eternidad repares) envidia al tiempo y a la edad forzosa. De la esquiva beldad, la docta frente ceñida, amenazó su hermosa altura desprecio a Homero y igualdad al cielo. Viste ya de dolor la tierra dura. Tal, Fama, llora; y puedes, que presente su fama al mundo abraza en alto vuelo.