- XLVI - A Tisbe Mira el amante pálido y rendido a la inclemencia, Tisbe, de su hado, el rostro en llanto por su amor bañado, y él en su sangre por su amor teñido. Hiriose con la espada que había sido ministra de su mal y su cuidado; el golpe no sintió, que era acabado, con el morir su amante, su sentido. Cayó; y buscó su sangre presurosa la fría de su dueño, y ella, herida, los brazos de su amante, querellosa. Mostró su ser la Muerte en tal caída, pues fue a juntar de un golpe. poderosa, lo que el Amor no pudo en una vida.