- IX - Hablando un ausente a la fuente Lloras, oh solitario, y solamente tu llanto te acompaña, que, lloroso, el eco usurpa de este valle umbroso y el triste oficio de esta dulce fuente. ¡Ay, cómo en escucharte alivio siente mi pecho, en sus diluvios caudaloso! A no ser natural tu son quejoso, mereciera una ausencia tu corriente. Lloremos juntos, pues, y dure tanto que al brío de esta fuente presurosa le dilate sus términos el llanto. Mas vencerá mi ausencia querellosa, pues de una ausente ingrata el dulce encanto es causa a más efectos poderosa.