- VI - Al taparse y destaparse de una dama Me miraste, vi el Sol, y en bellos lazos ciño -dulce ceñir- mi rostro y frente. Hízose ocaso su divino Oriente; tomó la noche el hemisferio en brazos. Temí -bien pude-, ¡oh Lisi!, sus abrazos, lo dirá bien quien de mis males siente; lloré -y amargo fue-, como ausente, robos del alma en sus oscuros brazos. Rompí el silencio de su tez oscura, con desiguales quejas, y a mi llanto mostró, ¡oh Lisi!, tu Sol su frente pura. Dio nuevas de ella al alma alegre canto: tal puede en mí tu Sol, tal tu hermosura; tal el no verte, Lisi, el verte, tanto.