- XXVI - A la planta de Celia en Guadalete De tributos y mares olvidado (que es natural en Guadalete olvido), cuanto un tiempo corriente, detenido, miró a Celia, de juncia coronado. Y celoso de ver había estampado la playa el pie pequeño, el atrevido hurtósela, y confiesa haber corrido, después del dulce robo, más salado. Soberbio en su cristal y pensamientos, olvidando sus márgenes, triunfante estaba de la arena que bebía. «Vámonos -dijo Celia-; de mi amante nuevo conozco, ¡oh Fabio!, los intentos; ¡no te lleve, ¡ay Dios!, por prenda mía!».