- XLII - Excusando algún descuido de su amor ¿Cómo, oh querido bien, cómo, oh querido dueño de alma y vida, en qué, arrojado, el pecho os ofendió? ¿Cuándo ha entregado, pues le olvidáis, el cuello a vuestro olvido? Si yo no os miré, si os he ofendido, Amor es ciego, Amor lo habrá causado. ¿Quién no tiene a bajeza haber probado cuánto corta la espada en un rendido? Me lo mandó el Amor; fue fuerza hacello, y es mi rey el Amor, pudo mandarme; culpa el mandarlo fue, culpa el querello. Llorando moriré, pues el culparme vos, le basta a mi llanto, ¡oh rostro bello!, por vengaros a vos y por vengarme.